En medio de guerras híbridas, rivalidades geopolíticas, crimen transnacional y crisis tecnológica, la seguridad internacional domina la conversación global. Sin embargo, seguimos analizándola con categorías diseñadas para otro siglo. Aquí radica la vigencia del pensamiento de Immanuel Wallerstein y su obra Abrir las Ciencias Sociales.
Wallerstein planteó una idea incómoda pero fundamental: las ciencias sociales —economía, ciencia política, sociología— no son neutrales ni eternas. Fueron construidas en el siglo XIX bajo la lógica del Estado-nación, el liberalismo y la expansión del capitalismo. Es decir, respondían a un orden mundial específico.
Ese orden hoy está en transformación.
La seguridad internacional contemporánea ya no puede explicarse únicamente desde la soberanía estatal o la defensa militar tradicional. Los principales riesgos del siglo XXI no respetan fronteras: ciberataques, redes criminales globales, crisis de suministro, competencia tecnológica, migraciones masivas y cambio climático. Sin embargo, gran parte del análisis académico y político continúa fragmentado.
Economía estudia mercados. Ciencia política estudia Estados. Sociología estudia sociedades. Pero ¿quién estudia la interconexión estructural de todo ello?
El sistema-mundo como unidad de análisis
Wallerstein ofrece una respuesta: la unidad real de análisis no es el Estado aislado, sino el sistema-mundo. La seguridad internacional no es simplemente la suma de seguridades nacionales; es el reflejo de tensiones estructurales dentro de una economía global en transición.
La rivalidad entre Estados Unidos y China no es solo competencia bilateral; es disputa por la jerarquía del sistema global. Los conflictos regionales no son accidentes locales; son expresiones de reacomodos en la estructura de poder. Incluso el crimen organizado transnacional, que afecta directamente a México, está inserto en redes financieras y logísticas globales.
Pensar la seguridad únicamente desde la perspectiva nacional es, en el mejor de los casos, insuficiente. En el peor, peligroso.
La fragmentación disciplinaria como vulnerabilidad
La crisis del multilateralismo, el debilitamiento de organismos internacionales y la proliferación de conflictos híbridos no son hechos aislados. Son síntomas de una transición sistémica. Cuando el orden global cambia, las normas se erosionan y la incertidumbre aumenta.
Y aquí emerge la crítica central: la academia y la política pública aún no han "abierto" realmente las ciencias sociales. Seguimos compartimentando los problemas mientras el mundo opera de manera integrada. Estudiamos ciberseguridad como tema técnico, desvinculado de la geopolítica. Analizamos economía sin incorporar seguridad estratégica. Hablamos de crimen sin analizar su inserción en cadenas globales de valor ilícitas.
La fragmentación disciplinaria se ha convertido en una vulnerabilidad intelectual.
México en el epicentro
México, por su posición geográfica, su integración económica con América del Norte y su papel en flujos migratorios y comerciales, se encuentra en el epicentro de muchas de estas dinámicas. Comprender la seguridad nacional exige comprender el sistema internacional como totalidad.
Del Estado al sistema-mundo
Wallerstein no propuso una simple reforma académica; propuso una transformación del pensamiento. Del Estado al sistema-mundo. De la disciplina al problema. De la neutralidad aparente a la conciencia histórica.
En un contexto de transición hegemónica, revolución tecnológica y reconfiguración geopolítica, pensar con categorías del siglo XIX es un lujo que ya no podemos permitirnos.
La seguridad internacional del siglo XXI exige pensamiento sistémico, integración disciplinaria y visión histórica de largo plazo.
Analizar las ciencias sociales no es un debate académico. Es una necesidad estratégica.
PhD Ramiro Puerto L.
24 de febrero, 2026